Reproducción o resignificación del aprendizaje y la responsabilidad de las Instituciones como mecanismo de orden social.

Para contextualizar la temática, se reproduce una narrativa, que en coyuntura explique objetiva y subjetivamente lo que corresponde la reproducción o resignificación del aprendizaje y la responsabilidad de las Instituciones como mecanismo de orden social.


Para ello, presento el siguiente texto narrativo: “se ubica la experiencia de aprendizaje del niño “José”. en la que se distingue cómo y de qué manera aprendió las matemáticas básicas como la suma, resta, multiplicación y división en sus primeros dos dígitos en su cuarto año en la escuela primaria “Vicente Guerrero” de una colonia rural; y de qué y cómo fue la forma en que le dió utilidad para realizar operaciones sencillas con monedas, en la vendimia -tamales que su madrecita hacía-  que cada tarde realizaba en su ejido, después de regresar en los días hábiles de la escuela y en ocasiones hasta en sábado y domingos, para poder contribuir a los ingresos en la familia. Con ello  el niño “José” hizo posible la aceleración -una avanzada- en esos aprendizajes significativos. Sin duda en cotidianidad en la que se desenvolvió el infante, hace creer que en su internalización, con andamiajes, y los roles que desempeñaba en la escuela y en su hogar se generaba la construcción de su realidad tal como lo expresa P. Berger y T. Luckman, “Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana”, incluido en el texto de Alfred Shütz, en donde se identifican las ideas centrales de este supuesto, donde se aprecia cuál es esa realidad cotidiana; cómo los individuos construimos esa realidad cotidiana; cómo los individuos aprendemos esa cotidianidad; y de qué manera nos habituamos a esa cotidianidad (Shütz Albert, s/f). Y en este enfoque se encuentra la diferenciación correspondiente en el cómo se da la reproducción o la resignificación con los aprendizajes. 

Allá por los finales de la década de los noventas en un pueblo rural en el sureste chiapaneco, habitaba el niño “José”, con algunas características particulares de personalidad se distinguió por se un poco introvertido, aunque este equilibrio lo dominaba, porque tenía dentro de su particularidad, no quedarse callado cuando éste tenía una duda con respecto de ‘algo’, ya sea en el hogar, con sus pares en la comunidad, o en el salón de clases con su maestro.  De padres humildes agricultores, de origen campesino, de lo ejidal, donde se cultiva el maíz, el frijol, el café, se practica el comercio al por menor, y también la ganadería. Su madrecita “Remi” hacía vendimias -productos de alimentos para salir a vender a las calles- que entre esos productos de venta estaban los riquísimos tamales -no solo porque eran hechos por la mamá del niño José-. Con apenas nueve años de edad el niño cursaba el cuarto grado de primaria, a quien lo aceptaron inscribirse de primer grado un par de meses antes de haber cumplido los seis años, que en la actualidad es requisito indispensable. En esos tiempos y desde los siete años de edad, ya lo mandaban a vender a productos de alimentos, cacahuate con cáscara dorados, dulce de cacahuates, y tamales, estos últimos eran su fuerte, porque era lo que mayormente su madrecita hacía y lo que más provecho le obtenían. Con un peinado reluciente al estilo de don Benito Juárez -quien fue presidente de la República mexicana- con su vestimenta sencilla pero muy pulcra y planchada, así como sus manos bien limpias, una pedazo de manta -de las que se usaban para envolver tortillas en esos tiempo-, y un morralito para guardar el dinero de la venta, ah y sin faltar una rama de albahaca para generar la buena vibra y la suerte -que siempre lo tenía-. La cubeta de cinco litros aproximadamente con unos 10 tamales cuando mucho, se disponía a salir a la calle a ofrecerlos de casa en casa. El niño “José”, tenía que tocar la puerta de las casas con su nudillo de su dedo medio y anunciar ¡¡¡tamales!!! ¡¡¡van a querer tamales!!!. Pasado unos dos años, el mismo niño “José”, sintió la necesidad de aprender a multiplicar y dividir, porque sumar y restar ya podía a esas alturas en el rol que desempeñaba con su familia. 

El tiempo fue transcurriendo, el niño “José” como alumno continuó cursando de grado en la escuela hasta llegar al cuarto grado en la primaria, ahí ya estaba enfocado en reforzar sus conocimientos de matemáticas, ahora también en su desempeño con la familia, era al que mayormente lo mandaban a vender, mientras su hermano mayor que no le entendía a los números y precios, lo mandaban a trabajar en el campo acompañando a su papá. Pero ya “José” tenía que incrementar su venta, y ser más asertivo con el cobrar y dar el cambio correctamente, ya con billetes de mayor nominación, el niño “José” recuerda que cuando estaba pequeño de edad e iniciaba con la venta, dejaba pasar por alto algunas venas, decía al cliente que no tenía para dar cambio, y no porque no tuviera, sino porque era un billete mayor y no quería arriesgar a perder o dar mal el cambio. 

En cuarto año de primaria con su maestro de nombre “Uber Nery” -si no más se recuerda-, que eran las primeras dos semanas del año escolar, apenas comenzamos a estudiar con los libros. En este día lunes de inicio con homenajes como cada inicio de semana se realizaban en mi escuela “Vicente Guerrero”, mi maestro da la instrucción que saquemos el libro de matemáticas, era para mí como algo maravilloso, porque a decir verdad, ya deseaba empezar con las matemáticas, pero sobre todo aprender bien a hacer las ‘cuentas’. Dice que en su recuerdo, el tema del libro sino más bien, era “contando las cosas”, está después de una lectura. Agrega que fue muy emocionante sacar y abrir su libro más de una vez, sino es que más de 20 veces lo había abierto en casa y releído. Así que se sabía casi de memoria esas primeras hojas. Ya había avanzado con sus números, a sumar, a restar, y un poco más, pero quería aprender a multiplicar y a hacer cuentas. Aquí me detengo un poquito, preguntarán de dónde le salía esa inquietud de aprender con deseos tan grandes. qué le motivaba a aprender a hacer cuentas y a multiplicar -el niño José avanzaba a pasos acelerados- su motivación venía desde dentro y con una necesidad transformada en éxito, tanto en la escuela como en el rol que desempeñaba en su familia. Si nos preguntamos qué pasó con el niño “José” ya de adulto, puede ser incierto, lo único que sí estamos seguros es que si ya en su rol y cotidianidad se le presenta una oportunidad en la vida, tengamos la plena seguridad que la va a hacer suya. 

El lenguaje fue un factor muy importante en el desarrollo de la socialización del niño, junto con su característica expresiva en su diálogo con maestro, padres y clientes que les vendía desde pequeño aquí Shütz Albert (s/f) dice que es “un sistema de signos vocales, es el sistema de signos más importante de la sociedad humana. Su fundamento descansa, por supuesto, en la capacidad intrínseca de expresividad vocal que posee el organismo humano”. El reflejo de la cotidianidad relatada, nos permite identificar la influencia que esa interacción tuvo en los aprendizajes por lo que Shütz Albert (s/f) anota que “en la vida cotidiana el conocimiento aparece distribuido socialmente, vale decir, que diferentes individuos y tipos de individuos lo poseen en grados diferentes.” y más adelante redunda que “la mayor parte de nuestro conocimiento consiste en experiencias que no hemos tenido nosotros, sino nuestros semejantes, contemporáneos o predecesores y que nos han comunicado o transmitido”. A parte de significativos, sus aprendizajes del niño “José” no solo tuvo reproducción, sino también resignificación. El simbolismo es esta etapa estuvo presente permanentemente en los roles, interacción social y educativa en su subjetividad cotidiana y es en esta orientación donde aparece el simbolismo como proceso y que a decir de Shütz Albert (s/f), son procesos de significación que se refieren a realidades que no son las de la experiencia cotidiana.  “...todo conocimiento necesita hoy, más que nunca, reflexionarse, reconocerse, situarse y problematizarse” (Morin, 1997; en Reinoso H., J., 2010). El universo simbólico se concibe como la matriz de todos los significados objetivados socialmente y subjetivamente reales; toda la sociedad histórica y la biografía de un individuo se ven como hechos que ocurren dentro de ese universo” No nacen de la espontaneidad, es un proceso, donde existe la resignificación del aprendizaje.


Referencias.

Estrada Saavedra, M., (2000). La vida y el mundo: distinción conceptual entre mundo de vida y vida cotidiana. Sociológica , 15 (43), 103-151. https://www.redalyc.org/pdf/3050/305026539004.pdf 

García, M. R.. (2015). Construcción de la realidad, Comunicación y vida cotidiana - Una aproximación a la obra de Thomas Luckmann. Intercom: Revista Brasileira De Ciências Da Comunicação, 38(2), 19–38. https://doi.org/10.1590/1809-5844201522 

Hemilse ACEVEDO, M., (2011). Aportes de la teoría social de Alfred Schutz para pensar la política y la acción colectiva. Trabajo y Sociedad , XV (17), 83-94. https://www.redalyc.org/pdf/3873/387334689007.pdf 

Núñez, M., (2012). Una aproximación desde la sociología fenomenológica de Alfred Schütz a las transformaciones de la experiencia de la alteridad en las sociedades contemporáneas. Sociológica , 27 (75), 49-67. https://www.redalyc.org/pdf/3050/305024717002.pdf 

Peter L. Berger y Thomas Luckmann (2003). La construcción social de la realidad. Amorrortu editores. Buenos Aires Argentina. https://redmovimientos.mx/wp-content/uploads/2020/07/La-Construcci%C3%B3n-Social-de-la-Realidad-Berger-y-Luckmann.pdf 

Reinoso H., J., (2010). Resignificación de la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales y su aporte para la educación en contextos socio-económicos vulnerables. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales ,   (16), 135-154. https://www.redalyc.org/pdf/652/65219151008.pdf 

Shütz Albert (s/f). Estudios sobre teoría social. P. Berger y T. Luckman, “Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana” https://leip.upnvirtual.edu.mx/mod/resource/view.php?id=3311 

 


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